Los manchegos tiran de épica y de corazón para sobreponerse a un 0-4 de Osasuna Magna y a sus propios nervios para remontar en cinco minutos que definen perfectamente la magia del fútbol sala. Foto: RFEF.
Sin palabras. La heroica, la épica, la del corazón, la de creer hasta el final, la que pocos deportes más allá del fútbol sala permiten. Una maravilla para el espectador, un drama para Osasuna Magna y un chute de moral increíble para el Viña Albali Valdepeñas. Lo volvieron a hacer los manchegos, la revelación más que merecida de esta temporada tan atípica, al remontar no solo un 0-4 y no solo en cinco minutos, ya que también se sobrepusieron a un encefalograma plano. Estaba prácticamente muerto, sin esperanza, pero resurgió para darle la vuelta a base de juego de cinco y pillería. Creyó y venció en el Carpena (4-4). Sí, otra vez.
Y eso que el partido pintaba de color verde y muy, muy feo para el cuadro de David Ramos. La primera parte fue de manual, de sota, caballo y rey por parte de Osasuna Magna. Jugó primero con su orden defensivo para salir a la contra con maestría, rapidez y contundencia y, después, lo hizo con la creciente precipitación de un Viña Albali Valdepeñas que se despertó del sueño con sudores fríos. Por momentos fue un juguete en manos de los navarros, un equipo curtido en mil batallas, lo cual se notó. La salida fue igualada, con menos respeto y más acción que en los anteriores duelos (y menos mal, gracias). Hubo más ritmo y ocasiones, principalmente por las estrategias de los vinateros y su juego de pívot y las transiciones de los de Imanol Arregui, que avisaron con una falta de Martel, un zapatazo de Saldise y un paradón de Edu a Juninho.
Fue el preludio de lo que iba a venir. Tras un bajón en la intensidad y un tiempo muerto de Imanol, Osasuna Magna se adelantó en el marcador aprovechando un fallo en la marca que definió a la perfección Roberto Martil. Comenzó entonces el cuadro navarro a bombardear a Edu y a azuzar al Valdepeñas a base de latigazos. Ni Usín (en tres ocasiones) ni Bynho lograron batir al meta luso, pero el castillo de naipes se cayó con un pim-pam-pum de Asier, Mancuso y Martel justo después de un 1-1 cantado que solo Buitre, desafortunadamente, al no poder quitarse del medio, evitó.
Fue un mazazo no definitivo en el marcador, pero sí anímico. Apeló al corazón David Ramos tratando de despertar una reacción de orgullo en su equipo, pero no surtió efecto. Al principio parecía que sí con dos paradas de Asier a Nano y Cainan, pero otra gran contra de los navarros, unida a un despiste tremendo atrás, permitió a Bynho empujar a la red un regalo con lazo de Eric Martel.
En la segunda parte, casi más de lo mismo. El Viña Albali Valdepeñas se mostró desesperado, buscando con ahínco pero con poco colmillo ese gol que le hiciera creer, que le volviera a hacer soñar con una machada, pero pronto Eric Martel aumentó la renta hasta un 0-4. Entre el gol del ala catalán y la salida del portero-jugador, ya para intentarlo a tumba abierta a diez del final, Osasuna Magna se pertrechó atrás con mucha seriedad y salió al ataque con alegría y confianza, mientras que los manchegos tampoco tenían esa pizca de suerte necesaria para remontar. Ni Buitre, ni Chino, ni Rafael Rato… Nadie lograba batir a un Asier muy seguro.
Con el juego de cinco tuvo algo más de claridad el cuadro manchego y gol tras gol se vino arriba ante un Osasuna atenazado y acobardado. Terry tuvo la oportunidad de meter a su equipo en el partido, pero su lanzamiento lo repelió el larguero, poco después Cainan lanzó raso, pero muy cruzado y Chino tampoco atinó, aunque Asier se quedó a centímetros de anotar tras un paradón tremendo con el pie
Aun así, siguió intentándolo el Valdepeñas y, al fin, consiguió merecido premio del gol, con un tanto en propia puerta de Bynho. Siguió tirando de corazón el Viña Albali y José Ruiz, a falta de tres y medio, se vio de repente a dos goles de pasar. Muy cuesta arriba, pero no imposible y con la flechita hacia arriba. Así, en una jugada totalmente extraña pero de gran inteligencia por parte de Dani Santos, se metió de lleno en el partido el Viña Albali. Los colegiados señalaron una cesión, Dani Santos fue a sacar rápido, fue tapado pero mal y, entre la confusión, sacó rápido para Terry, que marcó a puerta vacía. Casi dos minutos para culminar la machada.
Estuvo el propio Terry a punto de lograrla desde el flanco derecho, pero tapó Asier, lo mismo que segundos después. Quedaba una, la de la épica, la de toda una ciudad, la de toda una afición y el héroe fue Cainan, que se sacó un latigazo raso que besó el palo antes de tocar el fondo de la red. Remontada para la historia y un Valdepeñas para la historia que luchará por estar de nuevo en una final.







