El Aspil Jumpers se queda bordeando el descenso tras caer en casa contra el Palma en un duelo en el que compitió con garra a pesar de tener a media plantilla en el dique seco. Foto: Toño de la Parra.
El Aspil Jumpers es un drama. Y no, no por su situación clasificatoria, que por cierto no es para tirar cohetes al quedarse en el límite de la zona roja, pero es que es demasiado complicado hacer milagros con medio equipo en la enfermería. Y a pesar de ello, los de Pato sacaron la garra y el corazón para sobreponerse a unos horribles diez primeros minutos y pudieron hasta empatar, pero la gasolina se agotó ante un Palma que vuelve a ganar a domicilio.
Sin David, Sergio González ni Ferrán Plana. Sin David Pazos en la segunda mitad por una lesión en su tobillo derecho que tiene mala pinta y con Sergi teniendo que sustituir durante un tramos de la segunda parte a Gus. Así es prácticamente imposible y más ante un Palma que tiene dudas lejos de Son Moix de forma general. Sin embargo, no fue así en la primera mitad, en la que fue muy superior a los tudelanos. Ahí dejó encarrillado el duelo con tres tantos.
El primero de Hamza, hiperactivo, decisivo y verdugo. Anotó el primero en una gran jugada personal y pidió perdón a la que fuera su hinchada durante cuatro temporadas. Entre paradas de Gus, que capeó el temporal como pudo, una transición la culminó Tomaz al fondo de la red. Entre tanto, Javi Mínguez trató de llevar la batuta de los navarros, pero pasado el ecuador del primer acto Raúl Campos aprovechó una indecisión para anotar el tercero.
Entonces comenzó el partido del orgullo. Es muy difícil pasar por encima del espíritu de los equipos de Pato y el Aspil Jumpers mostró una cara más incisiva. Nil Closas se encontró con el palo en un mano a mano y, tras una intervención salvadora de Gus, Javi Mínguez encontró el premio con un latigazo a la escuadra tras un saque de banda.
En la segunda mitad dio un paso más hacia delante el cuadro naranja al mismo tiempo que el Palma bajó el pistón ofensivo. Y así llegó el 2-3, obra de nuevo de Javi Mínguez, el mejor de los locales. De todos modos, aunque no se tradujo ese dominio en un número incesante de ocasiones, a Vadillo no le gustaba lo que veía y paró el duelo con un tiempo muerto.
Fue una dosis de tranquilidad que necesitaba el Palma y el preludio del juego de cinco del Aspil Jumpers, que no dio ningún resultado ante la engranada defensa de los baleares. No hubo ni una ocasión de peligro en los cinco minutos de juego en superioridad ante la desesperación de Pato. Aguantó Palma, que siente ya la brisa de Málaga, y se queda abajo el cuadro tudelano.







